La fiesta comenzó en el Ganbara
Comienza el 2025. Disco nuevo, energías e ilusiones renovadas en la banda, con nuevos inscritos en la bancada de jubiletas. Llevamos un par de meses preparando el nuevo repertorio con el que queremos presentar ‘La fiesta es aquí’, título del tercer disco de MingoFisuras, tomado de una sus 13 canciones. Hay cierta sensación de examen en el concierto apalabrado para el 18 de enero con Itsaso y Martin en su bar, la mítica Taberna Ganbara de Andoain, por la que han pasado la gran mayoría de músicos de la escena undergraund guipuzcoana. Examen porque un tercio del repertorio va a cambiar con el estreno en directo de nueve canciones. Examen también, porque además del repertorio hay cuestiones técnicas que estamos probando. Ahora, excepto Fisuras, todos vamos a ir con auriculares de monitor y los instrumentos sin cables, ¡¡viva la tecnología!!... sobre todo cuando te aporta calidad y comodidad, que no siempre es así.

Nagore se ha estudiado en casa las estructuras y ritmos de las nuevas canciones, las velocidades y sutilezas que puede aportar. Demuestra en el par de ensayos que hacemos juntos que ella lo lleva bien aprendido. Los demás seguimos teniendo acordes que memorizar, afinaciones y melodías que asegurar, palabras y frases que recordar… olvidar canciones mil veces tocadas nos resulta hoy más fácil y rápido que aprender y memorizar las nuevas. Juan A. nos ha hecho un cartel basado en la portada del CD (que también hizo él), así como el dibujo silueteado que ha quedado bordado en medio centenar de camisetas y que es nuestro primer acercamiento a esa cosa tan ‘pro’ que es el ‘merchandaisin’. Y para hacer un ‘SantiagoSegura’ en toda regla hemos decidido salir todos con la camiseta en el concierto.

El sábado 18 se asoma soleado, pero no deja de ser enero, con días cortos y noches frías. Así que la posibilidad que Itsaso nos había dejado abierta de tocar en la ni siquiera la hemos pensado. Hemos hecho un plan tranquilo para ir con tiempo y montar y probar sin agobios. El preconcierto hace tiempo que está dominado. Itsaso y Martin se ponen a nuestra disposición para lo que necesitemos y el montaje va todo lo fluido que puede ir cuando es Cami el único que controla la cuestión técnica, cada vez más sofisticada. El concierto está previsto para las 19.00 horas y la idea es comenzar en punto para acabar alrededor de las 21.00, tenemos 25 canciones en la lista y, sin excesiva verborrea entre canciones, tenemos que acabar más o menos en ese tiempo. La prueba de sonido va bastante bien, sólo Nagore parece tener algún armónico cabrón que se le cuela por el bombo y Cami se vuelve loco buscando la forma de solucionarlo, por lo demás, los monitores por cascos no dan problemas y Fisuras está feliz con los dos exteriores para él solito. También hemos zanjado la duda de si utilizar el subwoofer, al final decidimos ponerlo y es un acierto, la contundencia de los graves siempre dan otro empaque al sonido, aunque haya que cortarse con el volumen para no achicharrar a la gente.

Cinco minutos antes de las 19.00 la única duda es si vamos a lanzar esa corta grabación en la que Fernan, con acento de revolucionario cubano pasado de ron, pide a los y las camaradas presentes que “apaguen sus celulares para dar paso al espectáculo musical”… Al final, entre dudas y vergüenzas todo se queda en una anécdota de local que se revisará, y la llamada de atención intenta hacerla, con poca convicción y ya en el micrófono, Mingo invitando al público, que ya llena completamente el bar, a brindar “en memoria de los que no están aquí, de quienes estuvieron a nuestro lado y se han quedado en el camino…” y así, copa de vino en la mano y con el fondo de acordeón/teclas de Fernan, canta la última canción del disco y primera del concierto/fiesta que comienza, ‘Brindis por los que se fueron’.

Sin dejar que termine el “salud, humor y libertad” con el que Mingo, acordándose de su colega J.G., se bebe la copa de vino, Fisuras ya comienza a machacar el Si mayor con el que se inicia ‘La herida se abrió’, otra de las canciones que estrenamos en directo. Suena bien pero se nota que la banda necesita asentarse, coger la seguridad necesaria para transmitir. La segunda canción y segundo estreno, ‘Hermosa ingenuidad’, tenía que ir casi empalmada con la primera pero los auriculares de Mingo no suenan… ¡se le ha olvidado encender el receptor! Primera anécdota del cambio tecnológico. Solventado el despiste, la melódica canción se ajusta bastante a lo ensayado. Con ‘Se apagaron las luces del bar’, tema del primer disco que se mantiene en el repertorio, la banda comienza a sentirse cómoda. Empiezan a relajarse los gestos y los guiños entre instrumentos. ‘Charly y Laura’ es del último disco pero ya ha sonado en los últimos bolos y mantiene ese aire de canción controlada y, aunque le sigue otro tema inédito, la balada santanera ‘Cerca o Lejos’, el agarrotamiento de las dos primeras ya no se percibe dentro del escenario. La canción suena con la cadencia suave y juguetona en su ritmo ¿caribeño/brasileño?... y oscura en la voz que evoca a los yonkys del amor.
Con la triada casi encadenada de ‘Ahora podré olvidarte’, ‘Los caprichos del ayer’ y ‘Allí naciste tú’ (todas del segundo disco) el concierto entra en un momento de guiños a los ritmos latinos con velocidad rock, a la soltura y desparpajo de lo ya conocido. ‘El aburrido paraíso terrenal’ reclama la contención que se le pide a Nagore para que la canción no se desboque, es ese potro salvaje que hay que tener bien sujeto por las riendas/baquetas lo que hace que suene potente y haga que “nos sintamos bien” tocándolo. Ligero respiro, algún trago que refresqué la garganta y la cabeza para repasar mentalmente la metralleta psico-rockabilly-flamenco que es ‘Mísero corazón’, canción inédita en un escenario, número 10 del repertorio, que va tan rápida que si te equivocas en algún acorde no te da tiempo para saber cómo reengancharte o cómo rectificar. La canción, a la que el piano le suma un deje flamenco, suena bastante fiel a lo que buscábamos. Tras la velocidad llegó el momento más tranquilo del concierto con la balada ‘Olvidé’, del primer disco, que vuelve a encontrar su tono ácido e íntimo por momentos.

‘La suerte está de mi lado’ encuentra el ambiente psicodélico y setentero que ofrece en el disco y que la banda buscaba para estrenarla en un escenario y ‘Trozos de un alma rota’, con todas las incógnitas con las que siempre se presenta, sonó sólida y emotiva. Quizá sentir que uno de los temas más complicados había sonado sin Fisuras hizo que la inédita ‘De nuevo el sol’ (que aunque había estado en el repertorio de algún concierto al final siempre se había quedado sin tocar) saliese divertida, con el punto de velocidad necesario para que su ritmo bossa invitase al movimiento de más de una cadera femenina, por supuesto. Siempre son las mujeres las que se atreven a bailar sin vergüenza.

El público disfrutó del country ‘Labios de madrugada’ que estaba preparado para compartirlo en la voz con Jokano pero no pudo ser porque el autor de ‘La crónica de San Sebastián’ estaba algo griposo. Y con el cañonazo funky ‘La Fiesta es aquí’ quien se desató fue Cami cuando vio acercarse al escenario al pequeño Lucas, su nieto, con el paso titubeante del enano que todavía no ha cumplido dos años pero con la indumentaria y actitud de ya un superfan del grupo, y sobre todo del abuelo. No dudó Cami en aprovechar la posibilidad que le da tocar sin cables para bajar a bailar y estar a su lado todo el tema. Incluso le animaba a que golpeara alguna de las cuerdas del bajo haciéndole partícipe de la fiesta. Fue el momento álgido del concierto, del que ya no se bajaría el pistón. ‘Fiesta al Rojo’ mantuvo el pulso y ‘En medio de la tormenta’ volvió a caerse por miedo a que no lo pudiese mantener. ‘Te vi caminar’ es para la banda ese territorio tan conocido en el que cada uno puede arriesgar lo que quiera sabiendo que va a salir bien, y en este caso tan solo había que dar continuidad a lo que se estaba haciendo. ‘Tú decides’ volvió a sonar a rock rollingstoniano y con ‘Dónde está ese tipo’ y su final alargado en los riffs progresivos de la guitarra de Fisuras, se daba por terminado el concierto.

El bis se daba por hecho. No hubo que insistir para que, en el momento en el que la banda hizo amago de dejar los instrumentos, la gente, que seguía llenando el Ganbara por completo, comenzase a pedir más canciones.
Sorprendentemente había muchas caras nuevas entre el público, gente que se unía a las caras fieles que tiene la banda. Tres canciones estaban en la recámara con la intención de acabar lo más arriba posible. ‘No esperas nada’, que recogió toda la emoción que pide para su interpretación servía de lanzadera para acabar con la velocidad eléctrica del rock-punk de ‘Si quieres o si puedes’ y, casi sin dejar respirar, empalmarla con el puñetazo guitarrero brutal que es ‘No bajes la guardia’.
El examen había sido superado con creces.
Quienes se acercaron para comentar dieron un notable alto en su crítica. Valen aquí sobre todo las de todas esas personas nuevas que conociendo las canciones de los discos, no habían estado nunca en un directo de MingoFisuras. Itsaso y Martin se quedaron tan encantados que propusieron otro bolo para septiembre, cuando podrían presentarse varias de las canciones que compondrán el cuarto álbum de la banda… propuesta que fue aceptada sin dudar. Y de la música se pasó a la gastronomía, donde Itsaso, que es la estrella sin duda, sacó una vez más matrícula de honor. Lo demostró con unas alcachofas exquisitas y con un pastel de calabacín delicioso, con una arroz cremoso para chuparse los dedos, con un….
El Ganbara nunca decepciona.
urtarrila2025 Enrique Mingo