La espina salió bailando en Acedo
Todo había quedado confinado en la Transit después del desastroso concierto de Esparza: el equipo, los instrumentos, la mala leche. Nadie quería hablar del concierto. Preferíamos que quedase en un agujero , un mal recuerdo que se quedase en el silencio y lo más rápido posible, en el olvido. Así que decidimos sin palabras dejar que la semana pasase y convocarnos en el Camping de Acedo para el bolo del viernes 26 de julio. Seis días después. Esa semana llegaba con muy buenas noticias, Cami incrementaba su club de nietos/fans. Leo había nacido y Lucas iba a tener un compinche para sus performances musiqueras frente al aitona.
Iñaki y Lola se adelantaron por su cuenta. Los calores sofocantes por la Navarra ribereña les habían convencido de eso de pasar unos días en Artajona. Cami (sin Arantxa, ya que ésta ejercía de exultante amona) también había salido antes, como buen anfitrión, para comprobar que todo estuviese en orden en su casa de verano. Mingo y Nagore quedaban en Andoain para ir juntos y Fernan llegaba con tiempo en su autocaravana. El día era perfecto. Calor, pero no sofocante. Con tiempo suficiente para montar el equipo en el ya reconocido escenario, incluso con un baño para quien lo deseara en la abarrotada piscina del camping. Todo está montado y hecha la prueba de sonido. Antes de las 21.00 horas la banda, y Lola, está al completo cenando. Aparecen Perico, Sara, Rosaura y Joseba. También se ha acercado Pilartxo, la del Shangai, “que tenía muchas ganas de veros”…
Como se había anunciado, para las 22.00 horas, comienza a sonar ‘A tus pies’. Hemos decidido acortar en tres canciones el repertorio. La experiencia de Esparza ha cambiado ciertos criterios en la banda. De entrada, acortar el repertorio. Suena potente, sensación que se constata en ‘Duele’. La gente cumple con su papel de ver desde la distancia, atentos y críticos, pero desde la distancia… aunque los más peques rompan esa regla y se diviertan bailando en el centro de la plazoleta. Han quedado fuera las tres canciones que seguían en el repertorio, las más ‘suaves’ y entra la peligrosa ‘No me atreví’, rockanroll que exige concentración y actitud. El tema pasa con nota y la herida de Esparza comienza a ser una cicatriz… Las bailonas ‘Esperando el final’ y ‘No encuentras a nadie’ hacen mover a más de un adulto, algo que casi es impensable en este tipo de espacios. Mucho es ver que nadie se va de su sitio y que mayoritariamente se aplaude cada tema. ‘Caíste en la trampa’ vuelve a cerrar la parte dedicada al disco que lleva su nombre.
No hay duda. La sensación dentro del escenario es muy buena. Hay comunicación visual y gestual entre los componentes de la banda. Mingo va presentando algunas de las canciones que van cayendo a buen ritmo. Los temas que permiten ciertas improvisaciones, como ‘Tina’, muestran esa libertad y frescura. Las que tienen que someterse a una estructura más rígida, también consiguen su mejor versión: ‘Allí naciste tú’, ‘Los caprichos del ayer’... La noche va cayendo y el fluorescente que está a la espalda de la banda cumple su maravillosa función de alumbrar los mástiles y teclas de los instrumentos. Las polillas se han quedado todas en Esparza y las farolas de la plazoleta iluminan un cielo estrellado. Los niños siguen bailando y a ellos se une Cami en ‘La fiesta es aquí’. Todavía no es hora de ir a dormir y los padres aplauden la música que hace bailar a sus hijos. La tanda de rockanroles final suena compacta y divertida. En las mesas del restaurante levantan sus copas cuando MingoFisuras les invita a brindar con ellos en su última canción. En ese brindis, la banda celebra la llegada de Leo y también, de una manera inconsciente, festeja que la espina clavada desde el último concierto saliese bailando y sin dolor. Mingo había se había prometido un gintonic si todo salía bien… y cayeron tres.
uztaila2026 Enrique Mingo









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